El sueño es un estado neuroconductual esencial para el mantenimiento de la vida humana. El estudio del sueño normal y patológico ha experimentado un rápido crecimiento en la última década y es actualmente un tema de creciente interés tanto a nivel científico y profesional, como social. Tanto es así, que hoy en día el sueño es considerado uno de los tres pilares básicos de la salud, junto a la dieta y el ejercicio físico. Este interés creciente ha quedado plasmado en un aumento significativo de publicaciones científicas que tienen como núcleo principal el sueño y en el hecho de que la población general esté cada vez más preocupada por su calidad de sueño. Sirva como ejemplo el aumento en las ventas de dispositivos no profesionales para medir la cantidad/calidad de sueño.

Diferentes investigaciones han puesto de manifiesto que las alteraciones del sueño pueden ser un factor de riesgo para el posterior desarrollo de trastornos psicopatológicos y, en muchos casos, forman parte de los criterios diagnósticos establecidos, apareciendo como el primer síntoma. Por otro lado, también se ha resaltado el factor protector de un sueño saludable, representando una excelente estrategia de prevención y promoción de la salud.

Las alteraciones del sueño son variadas y afectan a una parte importante de la población. Algunos de los trastornos del sueño más conocidos son el insomnio, la apnea del sueño, la narcolepsia, los trastornos del ritmo circadiano sueño-vigilia, el sonambulismo, los terrores nocturnos, las pesadillas, la parálisis del sueño, el bruxismo, el síndrome de las piernas inquietas, etc. Seguidamente nos centraremos en uno de los más frecuentes, como es el insomnio.

 

Trastorno de insomnio

El insomnio es el trastorno del sueño más común y es una de las quejas más frecuentes en la práctica clínica. Este trastorno se caracteriza principalmente por una insatisfacción con la calidad y duración de sueño, que se asocia con uno o más de los siguientes síntomas: dificultades para iniciar el sueño, despertares frecuentes y/o prolongados, o un despertar temprano acompañado de la incapacidad para volver a conciliar el sueño. Estos síntomas deben ocurrir al menos tres noches por semana, durante un mínimo de tres meses y deben estar presentes aun cuando existen oportunidades adecuadas para dormir; es necesario, además, que estén asociados con un malestar clínicamente significativo o afectación del funcionamiento diurno, que incluye fatiga y disminución de energía. Por último, dichos síntomas no deben explicarse mejor por la presencia de una enfermedad médica, otro trastorno o por los efectos fisiológicos de una sustancia

Es importante distinguir entre las perturbaciones de sueño agudas, que afectan a toda la población en algún momento, caracterizadas por síntomas de insomnio con una duración de días o como mucho semanas, y el insomnio como trastorno, que tiende a ser persistente en el tiempo. La incidencia anual del insomnio se sitúa en torno al 7-15% y, aunque puede ser situacional o recurrente, tiende a ser un trastorno crónico con una duración media de 3 años. La prevalencia del insomnio, en general, se incrementa con la edad y es más elevada en mujeres que en hombres.

La comorbilidad del insomnio con los trastornos psicológicos es muy elevada, siendo el diagnóstico de insomnio “puro” infrecuente. En concreto, la depresión y la ansiedad están estrechamente asociados con el insomnio, siendo este último un factor de riesgo muy relevante para el posterior desarrollo de trastornos depresivos o de ansiedad. El insomnio tiene consecuencias negativas tanto para la salud física como mental y se asocia con mayores costes sanitarios, absentismo laboral y descenso de la productividad

El tratamiento de elección para este trastorno es la terapia cognitivo conductual para el insomnio (TCC-I). Esta terapia es la que ha demostrado una mayor eficacia en un amplio rango de edad y con efectos que perduran en el tiempo.

Madrid Valero, J. J. (2024). Trastornos del sueño-vigilia. En V. E. Caballo, I. C. Salazar y J. A. Carrobles (dirs). Manual de psicopatologia y trastornos psicológicos (pp. 698-730). Madrid: Pirámide.